Rímac, mirando la cuenca río arriba

agua pileta

(Foto: Radio Nacional)

Por: Abel Gilvonio Cárdenas
CooperAcción

Ayer se conmemoró el día internacional del agua y a diferencia de otros años, el Perú ha sido azotado por el “Niño costero” dejando a las comunidades de la sierra norte y las principales ciudades de la costa, afectadas por los violentos eventos naturales. Las imágenes que vemos de Piura, Trujillo, Huarmey y Lima, impresionan por el grado de destrucción que se muestra. Esto a primera vista es el resultado de la agresividad de la naturaleza, pero si miramos con calma veremos que  la intervención del hombre en el discurrir del camino de nuestros ríos ha provocado los llamados hoy “desastres humanos”.

El camino por el cual transitan los ríos más las quebradas que alimentan su cauce la definimos como la cuenca. En el Perú existen 159 cuencas hidrográficas que son gestionadas por 72 administradores locales, que a su vez dependen de otras 14 autoridades de administración descentralizadas del ANA (Autoridad Nacional de Agua). Entre las más importantes se encuentran la cuenca del Amazonas por su extensión y la cuenca del Rímac por dotar de agua a la capital del Perú.

El 18 y 19 de abril serán recordado por los limeños como los días que estremecieron a la ciudad. Las imágenes de cientos de personas haciendo gigantescas colas, peleas entre vecinos por tener un balde de agua, rostros de desesperación y angustia, así como el estrés hídrico al límite debido a la información de que la capital se quedaría sin agua, son imágenes que no desaparecerán fácilmente del imaginario de la ciudadanía.

Ante esto, los especialistas en los últimos días han dejado varias ideas. Una de las más importantes propone que es necesario mirar río arriba la cuenca, definir su integralidad y no seguir mirando solamente el caño que abastece de agua a la ciudad. Haciendo una mirada a la cuenca del río Rímac, podemos ver algunos de los problemas que se pueden presentar en las distintas cuencas.

En la parte baja de la cuenca, la ciudad de Lima tiene un déficit de infraestructura de agua y saneamiento; 700 mil personas no tienen acceso al agua potable en casa. La propuesta del gobierno denominada liquidez total pretendía resolver ese problema. Por otro lado, las familias que tienen acceso al agua son abastecidas por las plantas de tratamiento la Atarjea, Huachipa y Chillón, la primera abastece al 85% de la población y el resto son cubiertas por las otras plantas de tratamiento, Huachipa solo atiende al 5% de los usuarios. A esto le sumamos los 346 pozos que tiene Lima para cubrir algunas zonas y algunas situaciones de emergencia como la sucedida el fin de semana. Toda esta red de agua potable está en manos de SEDAPAL, empresa prestadora de servicios que ha venido distribuyendo y administrando el agua. A pesar de las críticas por su limitada capacidad para dar cobertura a toda la población de Lima ahora más que nunca está comprobado que esta empresa nacional no debe ser privatizada.

La ocupación del territorio alrededor de las quebradas de San Juan de Lurigancho y Chosica que son tributarios de la cuenca del Rímac muestran el caótico proceso de urbanización existente en Lima. Solo para mencionar un ejemplo: la quebrada de Huaycoloro que al iniciar su cauce tiene una extensión de 150 metros y termina estrangulada en el puente Huaycoloro que tiene de extensión solo 30 metros. En medio de esto, cientos de viviendas al borde de la quebrada, alta cantidad de residuos sólidos arrojados al río, puentes construidos sin pensar en el cambio climático y sus efectos en la violenta variabilidad climática son algunos de los efectos del proceso de urbanización en Lima.

La parte media de la cuenca tiene los relaves de la empresa minera Nyrstar en el cerro Tamboraque. Se encuentra ubicada a 93 km de Lima y tiene 630 mil toneladas de relaves mineros ubicados de manera imprudente a pocos metros del cauce del río Rímac. La caída de estos relaves puede producir una elevada contaminación dejando sin agua a 10 millones de habitantes en Lima por tiempo indeterminado. A pesar del proceso de clausura aprobado en el 2012, la minera ha pedido ampliaciones para seguir acumulando sus desechos tóxicos convirtiéndola en la amenaza latente más grande que tiene el agua de la ciudad de Lima.

Pero Tamboraque es una de las fuentes de contaminación de la cuenca. Según el ANA la cuenca tiene 13 relaves, 38 zonas de desmonte de minas, 38 vertimentos de aguas residuales domésticos, 94 botaderos de residuos sólidos, 31 vertimentoss de agua de pasivos ambientales, 2 vertimentos de aguas residuales de riego y 488 tuberías conectadas al río para vertimento de aguas residuales domésticas.

La cuenca del Rímac tiene una longitud de 160 km. y una cuenca de 3 312 km². La parte alta de la cuenca que es la zona formadora de agua – llamada la cabecera de la cuenca – tiene su origen en el deshielo del nevado Uco a 5,150 msnm. En esta parte de la cuenca existen dos problemas: el primero es que las empresas mineras son grandes consumidoras de agua, esas empresas mineras son  (Casapalca, San Valentin, Los Queñoales, Nyrstar Coricancha y Corona). El otro problema es la deforestación en la cuenca superior que disminuye la infiltración y el almacenamiento de agua en los acuíferos y tiene un impacto negativo en la calidad del agua; se necesita reforestar a gran escala y para eso es necesario que se implemente el pago por servicios ecosistémicos.

A modo de conclusión: vemos por un lado que es fundamental construir y fortalecer una cultura sobre el cuidado del agua, que nos permita ver más allá del caño mirando arriba de las cuencas. Por otro lado, es esencial que se inicie un diálogo nacional sobre el agua, que aborde desde una mirada de cuenca la gestión de las mismas. No basta con consejos de recursos hídricos, en este momento es muy limitado para una estrategia integral sobre el agua y las cuencas del Perú.

Para finalizar, en estos momentos de emergencia y reconstrucción es importante recordar el grito de los defensores de las lagunas de Conga “El agua es un tesoro que vale más que todo”. La diferencia será que ahora la opinión pública no podrá decirles “anti mineros”, “anti desarrollo”, “terroristas”. Ahora la opinión pública se va dando cuenta del valor que tiene el agua y la importancia de cuidarla.

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